Jamón con huevo

 


Jamón con huevo

 

Te levantas con dolor de cabeza, la espalda también te molesta pues dormiste en el sillón después de la pelea con Sofía. Ya no sabes si la relación da para más, a pesar de esto, en el fondo sabes que la quieres, sí, la quieres, aunque a veces te harte, te desespere, pero eso es normal, te dices, todas las parejas tienen sus etapas. Los gritos comenzaron temprano y se terminaron con el portazo que te dejó afuera del cuarto y por si esto no fuera poco en esta semana hay que pagar la renta, ir por despensa y tratar de pagar algunas deudas, las pinches deudas que nunca se acaban.

Calculas que de tu mísero salario solo te quedará lo justo para un elote, ¡qué lujo! Y luego está lo de Sofía, pinche Sofía. Por la mañana volvieron a tener bronca hubo gritos y hasta un empujón, finalmente se fue a su trabajo y tú te quedas como idiota pensando si eso era necesario, mientras, ves que se te hace tarde y sabes que vas a llegar varios minutos después de tu entrada, será la segunda vez en este mes y te vas a tener que tragar el regaño de don Manolo y solo te quedará agachar la mirada y decir que no va a volver a pasar, aunque por dentro tengas ganas de mentarle la madre y de mandarlo derechito a la chingada, a él y a su pinche trabajo de mesero con un sueldo de risa. No te da tiempo de bañarte solo te pones ropa limpia y sales disparado hacia el trabajo. Llegas a la esquina y hay otras personas esperando, no entiendes por qué el micro tarda tanto. El restaurante no está tan lejos, aunque caminando te retrasaría más, por fin llega y se suben los que estaban antes que tú, uno de ellos al subir comienza a buscar las monedas para pagar, pero ¡qué chingados! Si llevaba tiempo ahí parado, cómo no tenía los diez pesos listos y esto te retrasa más porque el micro todavía no avanza pues esa persona ni se quita ni deja pasar. Esto se traduce en otros diez minutos tarde y cuando llegas ya está don Manolo esperándote, ¡viejo cabrón! Piensas, pero no se lo dices, termina su parloteo diciendo que te va a descontar y te manda a trabajar aplaudiendo ¡órale, papacito!

La pinche Sofía te manda un mensaje diciendo que deben darse un tiempo y que no va a volver a la casa, esto, el descuento que no te va a dejar ni para el elote y las deudas te están poniendo la sangre a hervir, pinche Sofía. Sin embargo, hay que seguir, ya más tarde podrás ir a verla y platicar calmados, quizá se arreglen, le llamas, pero no te contesta y don Manolo te dice que dejes el pinche celular. Ya estás hasta la madre, derramas un poco de jugo de naranja y tienes que limpiar, más tarde casi te caes con un pedazo de cáscara que el cabrón del chef tiró, pinche día jodido, lo bueno es que no hay tantos clientes, pinche Sofía ya te bloqueó de todos lados, seguro que la culpa es tuya y ella es una inocente palomita, crees que de verdad tienen que hablar al menos para mandarse a la chingada bien y con ganas, pero en lo que eso pasa debes atender mesas, tomar pedidos y limpiar.

Los ves entrar, se sientan en una mesa de la orilla, dejas que se acomoden y ahora sí te apareces con la carta.

—Muy buenos días, sean bienvenidos, aquí está la carta en un momento les tomo su orden, ¿desean que les traiga algo de beber?

—Sí, para mí va a ser un café americano y de una vez te encargo unas enchiladas suizas con todo —dijo uno de los comensales que apenas había mirado la carta.

—Claro que sí, en un momento, ¿para usted, caballero?

—Es te…

—Sí gusta regreso en un momento.

Llevas el café y nuevamente esperas para tomar la orden.

—Es te… mmm, voy a querer jamón con huevo, pero ¿de qué es el jamón, puerco o pavo? —le escuchas esa voz entre gangosa y sumamente lenta, que con unas palabras te pone los pelos de punta.

—Disculpe, caballero, voy a preguntarle al chef y en un momento le digo.

Regresas con las enchiladas, las pones en la mesa y el cliente comienza a comer, le da igual que su compañero todavía no pida.

—Caballero, el jamón es de pierna.

—Es te… ¿de pavo o de puerco?

—De pavo, que es el más saludable, el aceite es de girasol y los huevos son bajos en grasa y orgánicos —agregas, pero ya en plan de joder y de que lo estás inventando.

—Es que no puedo comer puerco, es te… hace dos meses me sacaron una muela, es te… mejor me trae un coctel de frutas.

—Claro que sí, caballero, en seguida.

—Es te… pero ¿de qué fruta le ponen?

—Sandía, melón, mango y kiwi, pero se lo podemos traer de lo que usted guste.

—Es te… el kiwi no me gusta porque no le quitan todas las semillas ¿verdad? Es te… el mango es muy dulce, mmm, mejor solo melón, pero que no esté muy maduro porque luego está muy dulce.

Le dices ya con sarcasmo que le vas a traer un pedacito para que lo pruebe, a ver si lo quiere. Te vas para la cocina y te intercepta don Manolo para regañarte y decirte que debes atender muy bien a los clientes porque son ellos los que te están dando de tragar. Regresas con un plato, un tenedor y un pedacito de melón.

—Es te… le falta madurar está medio desabrido, mmm, creo que voy a pedir otra cosa, ¿tiene pechugas asadas?

—Sí, caballero, está en la carta, van acompañadas con ensalada.

—Mmm, es te… es que la pechuga no sé si me la voy a terminar, mmm, me trae un vaso con agua.

Mientras vas a la cocina te das cuenta de que dos mesas están esperándote para pedir su orden y don Manolo desde su silla te observa y la pinche Sofía que no contesta y que te acaba de abandonar y ese pendejo que ya te tiene hasta la madre y las deudas y los güeyes que se suben al micro sin llevar el dinero listo. Pinche vida está de la chingada, tú solo quisieras estar en la playa descansando tomando agüita de coco junto a Sofía, solo eso, viendo el ir y venir de las olas, pero ni madres estás en un restaurante jodido con don Manolo pisándote los talones, con Sofía que no contesta, las deudas, los clientes desesperantes y ahora con una vena de tu frente a punto de explotar y sabes que de seguir así tu cara se te va a ir de lado. Atiendes las mesas que te están esperando y luego llevas el vaso con agua y ahí es donde todo termina o comienza, como lo quieras ver.

—Joven, se tardó mucho con mi agua ya se me secó la garganta, mmm, yo creo que sí me va a traer el jamón con huevo.

—Claro que sí, en un momento se lo traigo.

—¿Sabe qué? Es te… mejor una quesadilla, pero déjeme ver de qué.

Quizá fue ese último “qué” o lo de Sofía o el pinche don Manolo o las deudas o todo junto, pero le sueltas un zape al cliente que ya te tiene hasta la madre, el golpe se ahueca en su cabeza ¡zasss! Te gusta cómo suena y entonces le das otro mientras le dices que es un hijo de la chingada que sí está pendejo o qué tiene, que el jamón da igual si es de pavo o de cerdo pues es la misma mierda que está hecho de puros deshechos y el cliente se levanta y tú lo sientas de un madrazo en la jeta y esta vez suena como una gota de agua, glupp, porque la quijada abierta se le va de lado, tu sonrisa lo vale todo, que don Manolo, Sofía, el cliente, su acompañante, que todos se vayan a la chingada. De una patada lo mandas al suelo, esto ha pasado tan rápido que nadie te ha dicho nada, vas hasta dónde quedó el tipo y le das una patada en las costillas con la intención de romperle al menos un par, repites la receta mientras le dices todas las groserías que te sabes, a esta altura ya tienes claro que si alguien trata de detenerte también le vas a poner en la madre, total, te van a correr, la pinche Sofía no va a regresar, qué más da. El último chingadazo era innecesario, aun así, se lo das con fuerza y centrado, que gozo te causa escuchar el quejido de ese costal de papas, todos a la mierda, esto es la guerra, el grito del que siempre pierde.

—Es te… yo creo que sí me trae el jamón con huevo y otro vaso con agua.

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