Burocracia
Burocracia
Hay que alzar la voz. Estoy harto de la maldita
burocracia de este país, a donde quiera que vas a hacer un trámite, te
encuentras con situaciones ridículas. Las oficinas de gobierno están plagadas
de formatos, requisitos, filas y gente empeñada en sacarte de tus casillas y
hacer que des más de una vuelta.
Para la licencia, en la
universidad, en el Seguro Social, bueno, parece que no te puedes escapar de
este mal. Por eso es que exploté, ya no podía más con ese sistema infernal de
papales, sellos y desconfianza, por no decir de esas secretarias que en pleno
trabajo se devoran sendas tortas de aguacate o que sin el menor reparo se ponen
a platicar con su compañerita de al lado, estallé porque han sido años y años
de sumisión ante ese monstruo atorrante.
—¡Señorita! Sé qué hace
mucho calor y discúlpeme lo que le voy a decir. Ya me hicieron dar muchas
vueltas y sin mi credencial no puedo hacer nada, todos mis tramites están
detenidos, parece que no les importa que no podamos resolver nuestros problemas
—lo dije fuerte porque ya varios nos volteaban a ver, quería complicidad en
este justo reclamo.
Ella estaba en la entrada
de la oficina, con una camisa café con tocados rosas. La muy descarada se comía
una nieve de limón con un desenfado que daban ganas de ahorcarla, pues ¡era
pleno horario laboral! Y la fila no era para nada pequeña. Continué porque a
Pandora no se le vuelve a meter a la caja.
—He venido tres veces y me
han regresado, primero por un detalle con mi dirección, pero ese fue problema
de los de la luz, así la pusieron y luego, los del teléfono hicieron otro
tanto, yo se los dije, ¡me cansé de hacerlo! Y al final, hicieron lo que
quisieron y ustedes me mandaron de vuelta. Luego, para tratar de hacer un
trámite en el banco me pidieron la credencial (que ustedes me han negado
sistemáticamente) y no puede realizar la gestión, pues ahí no me creen que soy
yo, algo que es una verdadera aberración, pues si de algo estoy seguro es que
yo soy yo. Así me han traído, por la dirección, la veda electoral y no les
interesa el desgaste, ni el calor, ni los pasajes y que soy una persona mayor,
nada, no les importa nada. Deberían hacer los trámites sencillos y rápidos,
pero no, parece que les gusta liar todo, como si su felicidad dependiera de
hacer repelar a las personas.
Tomé un momento para
respirar, realmente estaba haciendo mucho calor y estaba muy molesto.
Mientras que aquella infeliz no paraba de llevarse la cucharita con nieve a la
boca y luego darle vueltas de un lado para otro. Ni se inmutaba con lo que le
decía, solo achicaba los ojos y de vez en cuando decía <<ajá, ajá>>
y no sabía si me estaba dando la razón o me mandaba al carajo. Seguí
desahogando mi frustración, porque era eso, estaba frustrado y aunque ella solo
era una, me tenía que escuchar en nombre de todos los burócratas.
—No sé qué es lo que
quieren, la verdad no lo entiendo, qué necesidad de hacer todo tan complicado…
Continué y me di cuenta
que varias personas estaban conmigo y esto me dio ánimos, tal vez juntos
podríamos acabar con los tramites ridículos al menos en esa oficina, era el
comienzo y ella se estaba enterando del hartazgo. Seguía sin conmoverse y
estaba por terminar su nieve porque ya le rascaba al vasito con la cucharita.
Entonces aproveché para soltar la estocada final, porque seguro que echaría la basura
al bote y se iría a realizar el papeleo que de manera asombrosa y alarmante
había dejado de hacer por refrescarse.
Estaba en medio de un
verdadero discurso filosófico en torno a la justicia, la verdad y lo desgraciados que son los burócratas, cuando ella me miró, ahora sí con simpatía y detuvo mi
perorata.
—Así es señor, son unos
canijos —entonces la miré con azoro, me estaba dando la razón—. A mí me han
hecho lo mismo, dejé mi lugar en la fila y salí a comerme una nieve porque no
aguanto el calor, pero si hoy no me resuelven lo de la credencial les voy a
decir lo que usted me dijo, —ahora estaba más enojado y frustrado, ya no tenía
sentido seguir hablando.

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