El cumpleaños de Felipe




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El cumpleaños de Felipe

 

Estaban en un bar, por fin tenían edad para que los dejaran entrar y por ello casi cada fin de semana se ponían borrachísimos. Eran cinco estudiantes escandalosos, gritones y con música que solo les gustaba a ellos. A la hora en la que iban no había muchas personas, salvo cuando era fin de semana y coincidía con la quincena. Se habían puesto de acuerdo para ligar ahí en el lugar, cada que veían a una mujer comenzaban a codearse para ver quién iba a ser el valiente, la regla no dicha era que todos debían participar, pues era una especie de ritual de iniciación.

Nada de eso era serio, solo aventuras de una noche, Daniel era el único que lo había logrado, se ligó a una mujer y salió del bar con ella, días después les platicó a sus amigos todos los detalles. Esto animaba a los muchachos pues veían que era posible, que tenían oportunidad. A veces entre ellos se daban consejos de cómo acercarse a las mujeres, aunque entre el baile, la música y el alcohol casi no había dificultad. Además, algunas muchachas también querían divertirse y solo bastaba que decidieran con quien.

El cumpleaños de Felipe coincidió con un viernes de quincena, los muchachos sabían que iban a beber cantidades letales de alcohol, lo habían planeado durante dos semanas, en especial el festejado que tenía algo ahorrado para invitar un trago a sus amigos. Ese día la pequeña pista estaba llena de parejas bailando de un lado para otro, las mesas repletas de vasos, tarros y ceniceros, entre canción y canción se escuchaban las pláticas, las risas y las botellas chocando. A pesar del festejo, Daniel ya estaba bailando y tratando de ligar. Los demás lo veían y le celebraban las vueltas de cumbia porque además era bueno para esas artes. Luego de varias canciones la muchacha ya no quiso bailar, así que tuvo que regresar a la mesa con sus amigos que se reían de él, pues “voló la paloma”, ni modo, a veces así pasa.

Esto permitió que los muchachos estuvieran juntos, que brindaran por la vida de Felipe, que no cabía de felicidad y daba tragos grandes como si la cerveza fuera agua de sabor. Ya era ese momento del “los quiero mucho, amigos”, de los abrazos y las promesas de mantenerse unidos. Felipe se levantó a pedir la siguiente ronda, pues había que festejar y se suponía que pronto llegarían unas amigas que habían quedado formalmente en ir a decir salud, pero que aún no llegaban y tal vez no lo harían, era por eso que Daniel estaba algo inquieto buscando su próximo ligue.

En la mesa ya se habían repuesto las cervezas y mientras brindaban, el galán del grupo fijaba los ojos en unas mujeres que estaban a varias mesas, había una que llamaba la atención por el cuerpazo que lucía, seguramente producto del gym o quizá de alguna operación. Daniel se dio cuenta que las miradas de los hombres y mujeres se dirigían a ella, los primeros con ganas de acercarse y las segundas con fastidio. No la había visto antes en el bar. En breve ideó la manera de acercarse, tal vez al ir al baño y ahí llamar su atención, luego bailar y decirle esas palabras que ya tenía bien estudiadas. Le dio un trago a su cerveza y se levantó, como había mucha gente chocó ligeramente con la mujer, dijo algo y siguió caminando, al regresar y verla de frente le habló. Sus amigos lo veían desde la mesa, se reían y decían que ya había ligado.

La sorpresa fue que Daniel no tardó ni cinco minutos en regresar con sus amigos, estaba serio y daba tragos largos a su bebida sin decir ni una palabra. Los demás le preguntaban que qué había pasado, que si lo habían bateado, que si la chava era mucho para él y cosas de ese tipo, que se acompañaban de abrazos, risas, palmadas en la espalda y de los clásicos “hasta al mejor cazador se le va la liebre”. Pero él seguía sin decir nada, ni para bien ni para mal, se terminó la cerveza y solo dijo: “es que eso no es para mí”. Felipe que no había dejado de beber soltó un “ah, chingá, a poco sí está muy buena”, al tiempo que se levantaba y daba traspiés hacia donde se encontraba la muchacha, que a pesar de estar con más personas se veía apartada.

Como pudo llegó y se plantó frente a la mujer, que lo vio y sonrió, pues se había dado cuenta de que era el festejado. Él habló sin medias tintas, aunque balbuceaba pues su mente y su lengua no se conectaban, “por qué rechazaste a mi amigo”, pero ella con tranquilidad le contestó que no lo rechazó que él no quiso. La cara y la estrategia de Felipe cambiaron, “pero cómo si eres un bombón”. No había manera de que los amigos escucharan la conversación, pero los que estaban cerca a pesar del ruido se enteraron de todo.

—¡Cómo si eres un bombón! —dijo Felipe con confianza y mirándola de pies a cabeza.

—Pues sí, pero tu amigo no se animó, supongo que le di miedo.

—¿Miedo? A mí no me das miedo.

—¿En serio? Antes déjame decirte…

—¡Claro! A mí no me das miedo —dijo Felipe interrumpiéndola— te digo que eres un bombón, el miedo ha de ser a que me enamore nada más.

—Pero espera deja…

—Es que si tú me dejas te llevo al cielo, tienes un cuerpazo —volvió a interrumpir.

—Gracias al gym y la verdad algunos retoques, aunque también he tomado hormonas, pero…

—Pues te ha quedado perfecto, Vamos a bailar o a otro lado o a donde tú quieras.

Los muchachos desde la mesa observaban y se reían. Mientras que Felipe ya estaba en plan ganador pues para ese preciso momento se besaba con la mujer, lo había logrado ¡qué buen cumpleaños!

Daniel no lo soportó, era su amigo y ya había estado bueno de risas y arrumacos, se levantó y fue por Felipe. Casi lo arranca de los brazos de la mujer, “ándale, vámonos, ya estás muy pedo”, le dijo, pero su amigo no comprendía, si se la estaba pasando de maravilla, su mejor cumpleaños hasta ahora, “pero que ella también se vaya con nosotros” contestó con seseo. “No, ya estuvo bien, ándale”, “pero qué pedo, ¿estás celoso güey? Te la bajé y te aguantas, así son las cosas y te chingas. Vente con nosotros a la mesa”. Daniel lo abrazó para llevárselo, Felipe se resistió como si se tratara de una pelea, “órale güey ella se va conmigo”, “que no, pinche Felipe, ¿qué no ves que tiene las manos más grandes que las tuyas? Vámonos ya”.

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